Ramón Álvarez

Ramón Álvarez Prieto nació en el pueblo zamorano de Coreses el 22 de septiembre de 1825 y murió en Zamora el 25 de abril de 1889.

Sus orígenes fueron modestos, pues no tuvo más formación que la que entonces se procuraba a un artesano. Hasta los treinta años se dedicó a un oficio tan humilde como el de hojalatero.

Su formación fue de autodidacta, a edad madura cursó el bachillerato, y tras impartir dibujo en la Escuela de la Sociedad Económica de Amigos del País (de la que antes fue alumno), gana por oposición una cátedra de Dibujo lineal, adorno y figura en el Instituto de Segunda Enseñanza de Zamora en 1866.

Desconocemos cómo, cuándo y con quién se inicia en el arte de tallar imágenes. Lo cierto es que cuando la imaginería procesional decae, en Zamora aparece la figura de Ramón Álvarez, que va a dar forma y fama a su Semana Santa, hasta el punto de afirmar que sus obras más significativas salieron de sus manos o de los discípulos que se formaron en su taller.

Obtiene excelentes resultados con materiales tan sencillos como la escayola y la arpillera o tela encolada, que unidos a la madera y convenientemente pintados o encarnados, transfieren a las figuras verosimilitud. Tales materiales abaratan sensiblemente los costos y confieren un peso razonable a los grupos, condiciones la mayoría de las veces impuestas por las propias cofradías. Esta técnica no le resta en muchas ocasiones genialidad. El acierto de sus pasos reside en su fuerte carga dramática, necesaria para mover a devoción al espectador.

Ramón Álvarez fue un excelente imaginero, no un escultor. Su obra, que no llegó a traspasar los límites provinciales, es por encima de todo expresión local, afirmación de lo autóctono. Para comprenderla y valorarla hay que situarla en las coordenadas espacio-temporales de la Zamora de la segunda mitad del siglo XIX.

Su genialidad no reside pues en su pobre concepción plástica, sino en ser forjadora de una piedad que aun hoy, después de más de un siglo, es capaz de suscitar todo tipo de emociones.