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Cofradía del Silencio
Sí, juramos
Antecedentes
A comienzos del siglo XX la imagen del Cristo de las Injurias (uno de los mejores Crucificados del Renacimiento español) permanecía casi desapercibida, ya que se conservaba semioculta desde 1835 en la capilla donde está sepultado el Obispo D. Tomás Belesta, en la Catedral de Zamora. Gracias a la idea lanzada por dos zamoranos, Francisco Antón Casaseca y Carlos Rodríguez Díaz, colaboradores de los diarios locales “El Correo de Zamora” y “El Heraldo de Zamora”, la imagen sale a la luz en 1902 mediante dos artículos que reivindican la soberbia talla y sugieren su incorporación a la Semana Santa de Zamora. La idea es acogida con entusiasmo por la Cofradía del Santo Entierro. Aunque el Cabildo inicialmente se niega a ceder la imagen, el entonces se dirige al Obispo de la Diócesis monseñor Luis Felipe Ortiz solicitando autorización para sacar a la imagen en procesión y, por intercesión del Obispado, el Cabildo acepta.
El día 26 de marzo de 1902 se organiza una procesión popular para solemnizar el traslado del Crucificado desde la Catedral hasta el Convento de Santa Clara, sede provisional de la Cofradía del Santo Entierro, con el Cristo portado a hombros sobre una mesa cubierta por un sencillo terrazo. Asisten a la procesión numerosos fieles con velas encendidas, encabezadas por el Barandales. Después, en la mañana del Sábado Santo la imagen es trasladada y devuelta a su capilla.
En 1903 se pretende que el Cristo regrese a la Catedral integrado en la procesión de Nuestra Madre de las Angustias, que realizaba estación en la seo zamorana, para devolver al Cristo con el decoro debido, pero finalmente el traslado de la imagen se efectúa en la mañana del Sábado Santo sin la solemnidad debida, lo que contraría al Cabildo catedralicio, que determina su retirada del Santo Entierro.
Fundación
Avanzando en el tiempo, el 22 de noviembre de 1924 renace la Junta de Fomento de Semana Santa, presidida por Ursicino Álvarez, quien visita al Obispo, monseñor Antonio Álvaro Ballano, y le informa del proyecto de reincorporar el Cristo de las Injurias a la procesión del Viernes Santo. El prelado es poco receptivo, pero la incorporación del clérigo zamorano Manuel Boizas como vicepresidente de la Junta de Fomento, consigue convencer al Obispado y al Cabildo, nombrando en enero de 1925 una comisión compuesta por los señores Funcia, Hernández y Sevilla para ponerse de acuerdo con el Cabildo a fin de que la Junta formase una cofradía el Miércoles Santo para trasladar al Cristo de las Injurias.
El 5 de febrero de 1925 el Cabildo autoriza su salida y dos días después se reúne la Junta de Fomento. Nace la nueva cofradía “del Silencio” con sede canónica en la Catedral de Zamora para dar mayor culto y solemnidad al Santísimo Cristo de las Injurias y que será exclusivamente de varones.
Tras el Oficio de Tinieblas, la nueva procesión se inicia en la Catedral el Miércoles Santo dirigiéndose hasta la iglesia de San Esteban, para entregársela a la Cofradía del Santo Entierro. Se encargaron entonces 150 hachones para que todos los hermanos porten la misma iluminación y resulten más económicos. Los componentes de la Junta de Fomento, con su presidente a la cabeza, son los primeros inscritos y en apenas un mes el número de hermanos se eleva a 126.
En la reunión de la Junta de Fomento del 13 de febrero, se presenta una lista de hermanos que se ofrecen a cargar el Cristo, acordando que al tener mucho peso sean tres hermanos de carga por cada cofradía quienes lo porten, llevándolo el Miércoles Santo los de las tres primeras (Vera Cruz, Congregación y Santo Entierro) y los de la Resurrección el Viernes Santo por la tarde, siendo Ildefonso Rodríguez Carrascal su primer encargado de paso.
La imagen es sometida la imagen a un minucioso reconocimiento el 15 de febrero, sustituyendo la cruz por su mal estado y Julio Santos Funcia dona la nueva cruz, realizada según el modelo antiguo. El 13 de marzo se aprueban los Estatutos, y se elige Presidente y Junta Directiva, siendo el médico Pedro Almendral su primer presidente y el clérigo Manuel Boizas vicepresidente.
Así, después del oficio solemne de Maitines y Laudes en la Catedral y con el previo juramento de Silencio de un centenar de hermanos en su interior, a las ocho de la noche del Miércoles Santo de 1925, realiza su primera salida la Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias – Cofradía del Silencio. Tras una espera de 22 años, la impresionante imagen aparece por la puerta norte de la seo zamorana. Fuerzas del Regimiento de Toledo, con banda de cornetas y tambores, cierran la comitiva que se dirige por la Rúa hacia la iglesia de San Esteban.
La Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias era una realidad, con una puesta en escena absolutamente innovadora en los Años 20, donde sólo las cofradías de la Vera Cruz, Jesús Nazareno y Santo Entierro desfilaban con hábito.
En marzo de 2022 la cofradía aprueba el ingreso de mujeres como hermanos de pleno derecho, pasando a ser mixta y saliendo en procesión en abril ya 90 féminas. En 2026 incorporan a una mujer en su directiva.
Apuntes rápidos
La Hermandad
Nombre
Real Hermandad del Santísimo Cristo de las Injurias
Fundación
1925
Nº hermanos
2350 aproximadamente
Presidente
Rufo Martínez de Paz
Información
info@cofradiadelsilencio.net
Sede social
Rúa del Silencio, número 4 (soportales), código postal 49001 en Zamora.
Más información
Silencio hablado
la imagen
Cristo de las Injurias (S. XVI).
Es una soberbia escultura de bulto redondo, tallada en madera en tres piezas (cuerpo y cabeza en una sola pieza a la que van ensamblados ambos brazos), de tamaño mayor que el natural (2m. de altura), que representa a Cristo muerto en la cruz .
Su cabeza, ladeada hacia la derecha y abatida sobre el pecho, va ceñida con una corona de soga de la que salen largas púas de espino natural, una de las cuales atraviesa la piel de su frente, por encima de la ceja izquierda. Su boca entreabierta deja ver la cavidad bucal, la dentadura y la lengua.
El costado derecho presenta una profunda llaga con una caudalosa lámina de sangre. El paño de pureza, de color blanquecino con una cenefa azul en los ribetes, está realizado en tela encolada con finos pliegues. Está fijado a la cruz por tres clavos de hierro (uno en cada mano y uno en los pies).
La talla fue realizada en torno a 1550, siendo calificada por Gómez Moreno como “el mejor Crucificado del Renacimiento español”. Guadalupe Ramos de Castro señala como precedente el Crucificado de finales del primer tercio del siglo XVI e inicios del segundo que preside el retablo del Santo Cristo de la Catedral por afinidades en las coronas de espinas, rostros y tratamiento muscular de las extremidades inferiores, así como la policromía, probablemente realizada por la misma mano. Rivera de las Heras atribuye la autoría de ambos a Arnao Palla, pero también hay elementos que los diferencian.
Atribuido también a Gaspar Becerra, varios estudiosos mantienen que se debe a una gubia de factura superior, como Jacobo Florentino o Diego de Siloé, o enmarcado en el círculo de alguna escuela italiana de alta factura. Recibe culto en la Catedral de Zamora y es la imagen que mayor devoción concita entre los zamoranos, que también lo llaman el Cristo “de las tres miradas” por la expresión de sus ojos dependiendo de dónde se contemple.
Veludillo rojo
vestimenta
Visten los hermanos túnica de estameña blanca, caperuz de veludillo rojo con el escudo de la cofradía en la pechera; cíngulo de color blanco y decenario, calzado negro y guantes blancos, portando un hachón con tulipa metálica y cirio de cera.
Los mayordomos, directiva y hermanos honorarios llevan además capa roja o blanca con el escudo de la hermandad.
Rasgos distintivos
singularidades
Pebetero pequeño o del cimborrio
Gran incensario ornamental estrenado en 1955 vestido con unos paños bordados en plata por las carmelitas de Toro. Diseñado por Fernando Chacón y realizado por Antonio Vázquez en 1954, reproduce los nervios de una bóveda de crucería, de cuya clave pende la cazoleta y está rematado por el cimborrio de la catedral. La decoración de flores de loto egipcio en todo su contorno representa la resurrección y la vida eterna.
Pebetero Torre del Salvador
En 1995 se encarga el trabajo al broncista Antonio Vázquez Castaño y sale por primera vez en 1996. Su excesivo peso (650 kg) ha provocado algunas modificaciones para facilitar la carga. También representa una bóveda rematada por la Torre de la Catedral de San Salvador de la que pende una campana que hace referencia a La Bomba. El tramo de la bóveda se forma por cuatro arcos de medio punto abocinados con arquivoltas, que recuerdan la portada sur de la Iglesia de San Juan de Puerta Nueva.
Inicio y cierre
la música
La Bomba
Es una de las campanas de la Catedral cuyo sonido grave y solemne acompaña desde los primeros años la salida del Cristo y de la procesión.
Violonchelo
Cuando el Cristo asoma por la puerta de la Catedral el violonchelista Jaime Rapado interpreta una composición de Enrique Satué dedicada a la imagen que invita a la contemplación y la oración.
Clarines
Anuncia la procesión un grupo de clarines tras los caballos y los palafreneros que abren el cortejo. Es el único sonido que se escucha en la calle una vez que se jura el silencio.
Banda de tambores
De inicio y de cierre de la procesión detrás del Cristo de las Injurias.
Imprescindibles
momentos
El Juramento.
Si existe un momento que detiene el tiempo en Zamora es el rito del Juramento al caer la tarde del Miércoles Santo en la Plaza de la Catedral, tapizada del rojo de los caperuces, ante la portentosa imagen del Cristo de las Injurias. Después de la plegaria-ofrenda de silencio, el Obispo pregunta a los hermanos si juran guardar silencio durante todo el recorrido procesional. Es entonces cuando cerca de 3.000 cofrades hincados de rodillas asienten: “Sí, juramos”. El Juramento comenzó a hacerse en 1925, cuando cerca de un centenar de hermanos prestaron este primer juramento en el interior de la Catedral antes de realizar la primera salida procesional del Cristo de las Injurias. El alcalde de la ciudad era el encargado de hacer la plegaria desde 1947, hasta que en 2016 el primer edil, Francisco Guarido, declina hacerlo desde el máximo respeto al no ser creyente y estar en un Estado aconfesional. Desde entonces la ofrenda la realiza un hermano o una persona vinculada con la hermandad y devota del Cristo que designa el presidente y su junta directiva.

